miércoles, 7 de noviembre de 2007

"Querido Armand:
He recibido su carta y doy gracias a Dios el saberle bien. Sì, amigo mìo, estoy enferma, y de una de estas enfermedades que no perdonan. Sin embargo , el interès que todavìa demuestra por mì disminuye en mucho mi sufrimiento. Sin duda, no vivirè el tiempo suficiente para alcanzar la dicha de estrechar la mano que ha escrito la carta tan llena de bondades que acabo de recibir y cuyas palabras me curarìan , si algo pudiera curarme aùn. No le verè, pues me hallo al borde de la muerte y cientos de leguas le separan de mì. ¡Mi pobre Amigo! Su Marguerite de antaño està muy cambiada, y quizà sea mejor que no vuelva a verla a que la vea como ahora està. Me pregunta si le perdono. ¡Oh, de todo corazòn, amigo mìo!, pues el daño que quiso causarme no era sino prueba de amor que me tenìa. Hace un mes que estoy en cama, y aprecio tanto su estima que escribo el diario de mi vida, desde el momento de nuestra separaciòn hasta el instante en que me abandonen las fuerzas para escribir.
Si su interès por mì es verdadero , Armand, vaya, a su regreso , a cada de Julie Duprat. Le entregarà este diario. En sus pàginas hallarà la razòn y justificaciòn de lo sucedido entre nosotros. Julie es muy buena conmigo; juntas , hablamos de usted a menudo. Se encontraba aquì cuando llegò su carta y lloramos al leerla.
En caso de que no diera usted noticias, està encargada de hacer llegar esos papeles a sus manos, a su llegada a Francia. No me lo agradezca. Este entorno cotidiano a los ùnicos momentos felices de mi vida me procura un bien enorme, y si en su lectura ha de hallar usted la justificaciòn del pasado, es un consuelo permanente lo que me proporciona.
Quisiera legarle algo para que mi recuerdo estuviera siempre presente en su espìritu, pero todo cuanto me roda en mi casa està embargado , y no me pertenece absolutamente nada.
¿Comprende, querido amigo? Voy a morir y desde mi alcoba oigo caminar por el salòn al guarda impuesto en la casa por mis acreedores para vigilar que nadie se lleve nada ni que nada quede en mi poder en caso de que no muriera. Confìo en que esperaràn el final para vender.
¡Oh, què despiadados son los hombres! O, mejor dicho, me equivoco, es Dios el justo, el inflexible.
Pues bien, amado mìo, acuda a la subasta y compre cualquier cosa, pues si apartara el menor objeto para usted y se enteraran , serìan capaces de acusarle de sustracciòn de objetos embargados.
¡ Què triste vida èsta, la que dejo!
¡ Què bondad la de Dios si me permitiera volver a vere antes de morir! De acuerdo con todas las probabilidades, ¡ adìos amigo mìo! Perdòneme por no escribirle màs extensamente , pero quienes me dicen que me curaràn me extenùan a base de sangrìas , y mi mano se niega a escribir màs.
Marguerite Gautier."

Pag. 31- 32. "La Dama de las Camelias" .Alejandro Dumas

1 comentario:

Anónimo dijo...

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